Entre una cancha rota y un proyecto financiado hay un tramo: averiguar de quién es el terreno, quién juega ahí, si ya existe un proyecto formulado y quién puede pagarlo. Eso es lo que se recorre acá, y queda escrito con la evidencia que lo sostiene.
Los expedientes se abren desde el mapa: una cancha sin punto en el territorio no se puede evaluar.